Póngase su mascarilla primero y la del niño después
El arte del autocuidado para quienes siempre están para los demás
Hay una delgada línea entre ser una persona servicial y olvidarte por completo de ti. Nos han enseñado que ayudar a los demás es lo más noble, pero a veces, en el intento de sostener a todo el mundo, nos quedamos sin fuerzas. Y cuando eso pasa, no solo nos hundimos nosotros: también dejamos de ser útiles para quienes queremos ayudar.
Póngase su mascarilla primero y al niño después.
🌸 Imagen adaptada con ayuda de IA para Reiki Fuenlabrada.
La instrucción del avión
Seguro que has volado alguna vez. Y si lo has hecho, conoces de sobra la instrucción de seguridad que dan antes de despegar: "Si la presión del aire disminuye, caerán unas mascarillas. Póngase primero la suya y luego ayude a la persona que viaja con usted".
De pequeños, o cuando viajas por primera vez, esa frase suena egoísta. ¿Cómo voy a ponerme la mascarilla yo primero si mi hijo, mi pareja o mi madre necesitan ayuda? La respuesta es pura lógica: si tú te desmayas por falta de oxígeno, no puedes salvar a nadie.
Y esta misma regla, que parece tan obvia en un avión, es la que más nos cuesta aplicar en la vida real.
El síndrome del que siempre está para los demás
Hace poco supe de una persona que, estando hospitalizada por depresión, tenía el teléfono disponible las 24 horas para ayudar a quien lo necesitara. Quería acompañar a sus compañeros de planta. Y eso, en alguien que está pasando por una depresión, es doblemente valioso: porque la depresión normalmente te quita las ganas de todo. Pero también es doblemente delicado.
Hay personas que tienen una vocación de ayudar inmensa. Gente que escucha, que acompaña, que está ahí para quien lo necesita. Es una cualidad preciosa. El problema es cuando esa vocación se convierte en una huida, o cuando la ejerces desde el agotamiento.
Ponerse la mascarilla primero
El Reiki me ha enseñado algo fundamental: no eres la fuente de la energía, eres el canal. Y un canal obstruido no puede hacer fluir nada.
Si quieres ayudar a los demás, primero tienes que estar bien tú. Si tú estás desbordado, ansioso o sin fuerzas, lo único que vas a transmitir es tu propio agotamiento. Y eso no es ayudar, es contaminar.
Ponerte la mascarilla primero no es egoísmo. Es la única forma de asegurarte de que sigues consciente para poder ayudar. Significa:
- Dormir tus horas.
- Apartar el teléfono cuando te satura.
- Hacerte tu autosanación diaria (aunque solo sean 10 minutos).
- Aprender a decir: "hoy no puedo".
Un espacio de calma
Mucha gente cree que para salir de la depresión o de la ansiedad hay que hacer cosas enormes. Y no es así. A veces, el primer paso es algo tan simple como colorear un mándala, escribir en un diario cómo te sientes, o —cómo no— sentarte a mirar a la pared durante 20 minutos.
El Reiki, en estos casos, no hace magia ni te quita la depresión de un plumazo. Lo que hace es acompañarte en tu proceso. Te da un espacio de calma para que puedas bajar el ruido mental. Y cuando el ruido baja, es cuando puedes decidir qué paso dar.
Así que, si hoy estás leyendo esto y sientes que el mundo te pide ayuda por todas partes, haz una pausa. Respira. Y recuerda la instrucción del avión: primero la tuya.
No estás roto, estás desbordado
No estás roto, estás desbordado. Y lo desbordado se puede ordenar, paso a paso.
Un abrazo. 🌸
🌸 ¿Sientes que necesitas un espacio de calma?
A mi Reiki me ayuda. Reiki a distancia, déjame un comentario en esta entrada. Estaré encantado de acompañarte en tu proceso.
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Publicado por @josetransforma — Reiki, redes y vida cotidiana.
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